Colombo: Pop Star

30/10/2012 2 comentarios

De pequeños nos dicen que de mayores podemos ser lo que queramos. Sí Ralph, hasta un unicornio retrasado. Pero no es del todo verdad. Lo siento, Ralph.

Hace unos días fui a ver con H. un musical conmemorativo de Michael Jackson (Forever King of Pop), que deberíais ir corriendo a ver YA. Todo en directo, pirotecnia, beatboxing, una pasada. No había un único imitador en el espectáculo, había varios, cada uno con su punto fuerte: En uno era la voz, en otro el baile, en otro el aspecto. Es muy difícil dar con alguien que reúna todas las cualidades. Uno de los artistas que le imitaba, un tipo calvete, tenía el mismo maldito tono de voz que MJ. Quiero decir, al punto de cerrar los ojos y creer que estás oyendo Black or White directamente del disco.

El timbre de voz no es precisamente algo que se pueda aprender, te viene dado desde pequeño y si tienes voz de caracol heroinómano como yo, se siente. Puedes entrenar para mejorar lo que tienes, pero lo que no tienes no puedes cambiarlo. Hay gente que se desespera porque no tiene lo que necesita para ser lo que quiere, y pienso que es muy arriesgado alentar a alguien que no tiene talento natural para algo a que dedique su tiempo a ello. Algunos creerán que es cruel decir  “lo siento, no vales”, pero si no te lo dice alguien que te quiera, cuando lo descubras por ti mismo o a través de alguien que te odie (o que simplemente quiera reírse de ti) probablemente será mucho peor.

En el caso de nuestro imitador mondo lirondo, puedo decir sin dudar que tenía un don natural. Seguramente haya luchado mucho por ello, pero hubiera sido en vano teniendo la voz de Colombo. Se puede hacer gala de fuerza de voluntad y luchar por tus metas, pero hasta un límite racional. Don´t overdo it. El truco está en conocerse a uno mismo y conocer tus puntos fuertes y débiles, y aprovecharte de ello resaltando unos y ocultando otros. O como diría Tyrion Lannister: la frase que todos conocemos*.

*Para los que no juegan al juego de tronos: “Nunca olvides qué eres, porque desde luego el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Úsalo como armadura y nadie podrá utilizarlo para herirte.”

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Protocolo de teteras

22/10/2012 1 comentario

A los informáticos nos encanta hacer cosas inútiles. A veces es sin querer, hacemos algo fijándonos más en lo bonito que va a quedar y en lo impresionante que será una vez terminado que en lo útil que es realmente. Otras veces lo hacemos deliberadamente.

Más de una vez habréis encontrado navegando por la red un error 404 Not found al entrar en una página. Es uno de los códigos de estatus definidos en el protocolo HTTP. Consultando hoy la lista de códigos en wikipedia, hay uno que me ha llamado la atención:

418 I’m a teapot

Un servidor HTTP puede decirnos que es una tetera. Ahhhm.

Se trata de parte del protocolo HTCPCP (Hyper Text Coffee Pot Control Protocol o “protocolo de hypertexto de control de cafeteras”). Este protocolo es una extensión de HTTP que añade a la especificación, además del código anterior, los métodos BREW y WHEN, los cuales indican al servidor que debe empezar a hacer café y cuándo dejar de echar leche en el café respectivamente. Con un GET podemos obtener del servidor café recién hecho.

Por supuesto todo esto es una broma que se hizo el April Fool´s day de 1998. Aquí está el documento oficial:

http://tools.ietf.org/html/rfc2324

Lo preocupante del asunto es que hay bug reports en Mozilla referentes a este protocolo.

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Bellman tenía razón

“Dada una secuencia óptima de decisiones, toda subsecuencia de ella es, a su vez, óptima”. Esto se conoce como principio de optimalidad. Lo que quiere decir que, si en algo que depende de un conjunto de decisiones queremos alcanzar el mejor resultado posible, basta con decidirse en cada momento por la mejor opción de entre las que se nos presenten.

Ayer hablaba con mi chica (la llamaré “H.”) sobre lo que hay que hacer para hacer realidad los sueños de uno, sean estos llegar a ser tal cosa o no llegar nunca a ser cual cosa. Al final la vida es una enorme secuencia de decisiones, una tras otra, y para tomar cada una de ellas la información de la que dispones es la experiencia previa y una previsión más o menos exacta de lo que puede suceder en un futuro según la decisión que tomemos.

A esta previsión en informática se le llama “heurística”: nos da información acerca de lo que nuestra decisión nos va a alejar de o acercar a un resultado final óptimo, y la calidad de las decisiones tomadas depende en gran medida de ella.

Cuando en la carrera te enfrentas a un problema sacado de un libro, elegir una buena heurística es sencillo. Pero en la vida real, hay demasiados factores que pueden dar al traste con nuestra previsión. Puedes pasarte tres meses comiéndote la cabeza para tomar una decisión, y después descubrir que estabas equivocado porque basaste tu decisión en una heurística equivocada. Así es como los humanos tropezamos varias veces en la misma piedra: tomamos decisiones cegados por la esperanza de que esta vez, la piedra no estará ahí, aunque la experiencia nos diga lo contrario. Por lo que en mi opinión lo más efectivo y práctico es esforzarse en tomar decisiones en base a la experiencia previa, y no liarse la cabeza con “…y si…”s. No hay que suponer lo que va a pasar en un futuro lejano, hay que decidir a corto plazo. Así se lo transmití ayer a H. y así lo escribo hoy aquí.

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Locos alucinados et al.

10/09/2012 5 comentarios

En un post anterior hablé de moralidad y religión.  Algunos pensarán que me refería sólo a las religiones organizadas, aunque supongo que serán una minoría, porque en nuestra sociedad hay otros “peligros” (las comillas son importantes), hablando en términos locales esos “peligros” no parecen tales. Y no me refiero a tonterías: horóscopos, cartas astrales, adivinos, videntes, curanderos ,Pulseras mágicas, magnetizadores de agua, homeopatía*, …

Gente que a priori es inofensiva, técnicas que no funcionan más allá del efecto placebo o la profecía autocumplida. Quizás alguno esté pensando en qué mal pueden hacer, pues bien: desplazar técnicas que SI funcionan. Y ese es el problema. No voy a entrar a dar ejemplos detallados porque quiero dejar una idea general.

Por ejemplo, la medicina occidental funciona, no entiendo como mientras en china avanzan hacía la modernidad en occidente sale gente apoyando teorías de chakras, energías, auras y otras hierbas. Es como si en Asia estuvieran usando sanguijuelas para curar todos los males (Las sanguijuelas si tienen cierta utilidad actualmente, pero no para todo).

Lo más gracioso del asunto es la poca confianza que se deposita en métodos ampliamente testados frente a las locuras de cualquier persona sin titulación ninguna.  En muchas ocasiones,  como no son el canon establecido son mejores (no necesariamente es así). Y lo que yo me pregunto, si de verdad todo esto funciona ¿Por qué no se ha sometido a tests? ¿Por qué estas personas en general se niegan a someterse a estudios serios? (Buscad en youtube: “James Randi Homeopathy” y quedaréis asombrados)

Muchas veces he oído la afirmación:

¡La ciencia aceptada nos reprime!

No es verdad, sólo se le exige lo mismo que a todas sus diferentes ramas, pasar un sencillo test experimental, si así ocurriera, ninguno de nosotros tendría problema en creerles. Si a mi me exigen pasar por un proceso arbitrado para la publicación de artículos ¿Por qué a ellos no? ¿Son especiales? ¿Simplemente tienen miedo?

Si de verdad funciona no hay nada que temer. A ninguno de los gigantes de la ciencia se le ha reconocido nada de la noche a la mañana (Galileo, Darwin, Einstein, …) si vuestro trabajo creéis que funciona de verdad, hacedlo salir, y aceptad las reglas del juego antes.

Creo que eso es todo,

Caóticamente vuestro,

Ignem

*A esto tengo que dedicarle un post entero. Que no se va a librar.  La astrología tampoco, conste.

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Una mañana cualquiera

02/09/2012 3 comentarios

Te levantas por la mañana y pones el agua a hervir (no sin antes haber pulsado el botón de pereza del despertador 3 veces), miras con desdén la pila de cacharros que has dejado el día anterior y compruebas que no le han crecido patas. Decides que ya lo fregarás por la noche. Termina de hervir el agua y te metes un “chute” de té inglés que podría levantar a un muerto. Mientras tanto decides engullir un par de tostadas mientras el gato opina que es momento de querer mimos.

Y piensas ¿Otra vez? ¿Todos los días por la mañana tienen que ser así de aburridos? Podrían no sé entrar 10 valkirias en tu casa a golpe de ariete y darte una honorable “muerte por kiki”, pero no, en su lugar tu conciencia te dice que debes ducharte, coger tus cosas e irte a trabajar.

Te metes en la ducha y te pasas media hora orando a los dioses en busca de la temperatura perfecta que no te deje los pelos como escarpias ni te convierta en un pollo asado o en un tomate maduro.

Tomas el transporte público y buscas un lugar dónde sentarte, si tienes suerte podrás sentarte, si no es así en la siguiente parada te tocará tomar aire porque viene una avalancha de gente, por supuesto respirar no entra en la ecuación.

Llega el primer transbordo,  y por supuesto todos los viajeros que esperan como seres ávidos de carne cruda a que se abran las puertas (a que salga la gente que se tiene que bajar, parece que no). La compresión no puede faltar al entrar, por supuesto.

Finalmente, llegas a tu parada final y andas hasta el trabajo, saludas como un zombi a tus compañeros mientras murmuras: “Cereeeebrooos”. Lo primero mirar las tiras cómicas de rigor y leer el correo para ver si hay novedades, lees en diagonal varias toneladas del spam del jefe y vas a lo importante: tus deberes.

Por supuesto te has metido entre pecho y espalda una jarra de agua sucia (café) que te ha despertado del asco que te ha dado el beberlo  (la cafeína son los padres, que lo sepáis) mientras digerías las toneladas de spam mañanero. Una vez te has despertado toca abrir las cosas que habías dejado a medias.

Miras tu código del día anterior y piensas si no lo había escrito un mono borracho tecleando con los pies, pero sin embargo funciona, decides seguir expandiéndolo  para sacar algo comprensible de ello  (todos sabemos que la tecnología avanzada es indistinguible de la magia).

Tras unas pocas pruebas decides que has escrito basura, que de ahí sale basura, pero esa basura es importante porque paga las facturas y los vicios. Tecleas con furia mientras blasfemas en arameo porque el programa de las narices hace lo que le da la real gana. Y todo esto se repite  hasta que te vienen a buscar para ir a comer y es momento de ir a recargar combustible para alimentar a tu ya maltrecho cerebro.

Y esto señores, es una mañana cualquiera. No importa que trabajes en cosas frikis, un curro es un curro, y sirve para lo que sirve: Poder pagar las facturas.

Caóticamente vuestro,

Ignem

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Gatos, tazas, antigravedad

“La antigravedad es una fuerza igual en magnitud a la gravedad pero en vez de ser atractiva, es repulsiva.”

En mis años de instituto, yo era la antigravedad: una fuerza repulsiva (o repelente según algunos, aunque para el caso es lo mismo) que impelía al resto de seres del lugar a mantenerse a la mayor distancia posible de mí. Bajito, esférico y sin rozamiento (de hecho sin ningún rozamiento en todos los años de instituto, para mi desgracia), gafas, acné, ortodoncia y bastante friki. Sólo algunos que sabían lo que se sentía se dignaban a sentarse conmigo. Hablábamos entre nosotros, porque entablar conversación con el resto de la pirámide social resultaba molesto o incluso ofensivo (aclaración: para ellos, al menos en aquel entonces).

Luego mejoré. Al menos la ortodoncia sirvió de algo, y el estirón me hizo más alto que ancho. Sin embargo mantuve y mantengo las gafas, el acné regresa de vez en cuando, y sigo siendo una persona de gustos excéntricos :D.

A veces pienso que la reticencia que mostramos de pequeños a delimitar nuestro territorio por miedo a molestar a los matones del curso y atraer su tan poco deseada atención nos acompaña durante nuestra juventud y buena parte de la edad adulta. Si alguien invade nuestro lado de la línea, nos hacemos los suecos por no ser descorteses. Si vuelven a pisar, suponemos que habrá sido por descuido. Si pisan de nuevo, corregimos el trazado de la línea para ceder el área pisada y no tener que quejarnos. Y así poco a poco vamos cediendo terreno hasta que un día, acorralados en nuestro centímetro cuadrado de espacio vital, explotamos y pasamos a ser nosotros los matones. Entonces invadimos el terreno de los demás, que nunca fue suyo, pero que recuperar nos cuesta la reputación y la vergüenza a sus ojos.

Por supuesto esto no le sucede a todo el mundo, ya que hay gente que conoce de siempre o descubre pronto en su vida la palabra mágica: asertividad.

Ser asertivo es dejar las cosas claras de forma elegante y respetuosa. Es un término medio entre agresividad y pasividad. Si se desea incluso se puede ser hiriente desde nuestro lado de la línea trabajando un poco el lenguaje de la sutilidad, las comparaciones y los dobles sentidos. El único problema es que sólo se puede ser asertivo desde el principio, porque no sirve para recuperar el terreno perdido, sirve para mantener el que tenemos.

Si das tu brazo a torcer durante demasiado tiempo, se convertirá en una costumbre para los demás. Y recuperar este terreno siempre pasa por ser un poquito hostil. Hay que marcar el territorio desde el principio, y así nadie se tendrá que sorprender cuando pisen nuestra propiedad y les digamos aquello de:

“Te voy a matar con mi taza de té.”

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Quería escribir un post

30/08/2012 1 comentario

Quería escribir un post, pero seré breve:

He vuelto, el viaje ha molado.

No sé que demonios me pasa pero tengo un resquemor que no consigo quitarme, necesito una visión generada por  stroh.

El curro me da una pereza inmensa.

Guardando papeles con nombres de gente en el congelador,  es absurdo y obviamente  no funciona,   pero creo que es mejor que darle un puñetazo a la pared. Y duele menos, vaya.

Eso es todo,

Entrópicamente vuestro,

Ignem

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